No se exactamente hace cuánto quiero escribir esto, pero ha pasado bastante tiempo desde que la idea flota en mi mente (lastimosamente no encontró momento para asentarse en este espacio virtual. Por suerte hoy hallé algo de inspiración y, de la mano de esta, la determinación para escribir por fin y a los tiempos).
Si algo pasa una sola vez, se olvida. Si pasa dos, molesta. Si pasa tres...ya es demasiado. Alguna razón habrá, supongo yo.
Hace tiempo me encontraba con mi familia comiendo un clásico antojito post-farra. Llega al "lugar de los hechos" un grupito bastante peculiar. Estaba conformado por unas seis chicas (de 18 años no pasaban) y una señora que, según mis suposiciones, debe haber sido madre de alguna de las guambritas. Se encierran en un circulito y empiezan a hablar en un inglés de máximo volumen, una de ellas contesta el celular con el clásico "qué más" acompañado de un "chuta, y no saliste?" Y luego vuelve a la conversación gringuísima, pero con el quiteño oculto, después de que las otras coreaban un "chuta que tontera que no pudo venir". (Yo pienso: yaff, quiteñasas las manes!)
Segunda situación: mismo sitio, comida post-farra. Una familia entra al lugar, el hijo y la hija hablan todo en gringo (de nuevo) y luego de un momento la madre dice: "Mijita: vos con has de querer con cebolla, no?" (aclaro el arrastradito de la "r" y la "ll" con sonido repetido -osea, cebollllla y quererrr- )
Tercera situación: voy a hacer compras a un supermercado de la ciudad. Frente a mí una chica, igual jovencita, acompañada de una menor y de otra más pequeñita (de cinco años, capaz) que llevaba uno de esos coches que tienen un letrerito que dice "cliente en entrenamiento", o algo así. Aclaro que la protagonista de la historia es la primera; así que haré una breve descripción de la misma: lleva un vestido estilo fiesta de gala (y es domingo a las cinco de la tarde) corsette rojo y falda hasta la rodilla del mismo color,cabello con rayitos oxigenados recogido con una pinza estilo salón de belleza. y zapatillas bora bora (de esas con tirita negra y franjitas de colores). El curioso trío se detiene a mirar algo en el mostrador; y nuestra protagonista habla con las otras dos: "Pará, vos que querés que haga? Decime, querés algo de esta sección?" Después de un momento (me quedé viendo qué pasaba, lo siento pero la curiosidad a veces me gana) habla con un fluidísimo dialecto montubio y se va (Y yo me voy también. Huye, ñañita. Antes de que te contagien -ja, ja- )
No tengo problema alguno con los idiomas, ni con los dialectos, ni con los acentos, ni con NADA. Yo no suelo hacerme líos...De hecho entiendo que algunas veces las personas quieran bromear hablando como si fueran de cualquier otro sitio, menos de acá. Está bien por un rato, está bien cuando no parece que se habla así para ver si nos escuchan hasta los que no deben.
Tuve también (luego de un tiempo) una conversación interesante con un profesor. ¿Qué nos falta a los ecuatorianos? , decía. Complicado encontrar la respuesta.
Lanzo un par de ideas al aire para ver qué tal nos va: Nos falta mirar de frente cuando saludamos, apretar la mano con fuerza, y decir con orgullo que somos de Ecuador cuando nos preguntan. Nos falta querer más al país, nos falta gritar que "¡Sí se puede!" ...y no solo cuando juega la selección.
Pd. Asumo que, dado que los protagonistas son jóvenes, lo que nos falta a los ecuatorianos debe venir desde ese sector de la sociedad. Ahí les va otra idea trillada: "La juventud es el futuro" ... creo que cierto mismo ha sido.
Me tomo un poco el nombre la maravillosa obra de Rosa Montero. Altero el orden del título porque sé que eso es de ella, de Rosa. Mis letras son la mayoría del tiempo un yo que adquiere distintas caras y distintos cuerpos; otras veces no soy yo sino alguien más, escribo para curarme y también para curar, para contar y para SER.
Post de 31 publicado en enero 3
Si creyera completamente en las cábalas de fin de año me hubiera comido alguna uvita pidiendo que las ganas de escribir me lleguen cuando deben llegar, y no sin avisarme nada. Sucede que el último día de el 2010 me encuentro en pleno viaje Quito-Guaranda, pero no tengo ni papel ni lápiz ni nada; y escribir un texto relativamente largo en el celular me resulta un poco incómodo y molesto.
El 31 de diciembre es una fecha medio rara/especial, y si alguna vez me sentí "con una pata más allá que acá" es en esta fecha. Uno está tranquilo (en casa propia o ajena) come, farrea, se duerme y se despierta en otro año. Así nomás; y si te gusta bien y si no...también.
Después de que, en el camino, unas 40 o más viudas bloquearan la carretera con palos,piedras, ramas, cuerdas (o todo) para pedir una caridad para el viejito, y de escuchar todas las ocurrencias de las alegres esposas del difunto con nombre de año...cito: "Vos si tienes walmi","El próximo año te queman a vos", "Acuérdate de tu taita ve"... y de ver algunos guaguas carcosos, con los cachetes enrojecidos por el frío del páramo entretenerse cada vez que un auto pasa gritando "regaaaale" mientras agitan las manitos juntas con las palmas mirando al suelo; me detuve a pensar en cómo será el 31 para alguien más.
El 31 de diciembre se ve un montón de cosas que ni de broma veríamos en otra fecha o época del año. Algunos se forran de amarillo por dentro (o de cualquier otro color; todo va acorde a lo que se "anhela" conseguir en el año de estreno), salen a las calles las viuditas alegres (muy sexys ellas) dejan los carros bien bailados y se ganan un par de centavos, se elabora monigotes de todos los tipos recordando a los personajes o sucesos que marcaron el agonizante año, todos se abarazan a las 12 de la media noche; pero, antes de eso, luchan contra el reloj comiéndose 12 uvas, sacan físico de donde no hay para dar la vuelta a la manzana con maleta en mano o apachurran algún billetito con la planta del pie.
El 1ero de enero lo sitios están desiertos, con suerte encuentras algo abierto y con más suerte aun se levantan las víctimas del chuchaqui por la farra de la noche anterior.
No voy a negar que me entretienen las cábalas clásicas de fin de año; pero, dentro de todo esto me pregunto qué sentirán los doctores que están de turno en los hospitales, los viejitos que están en algún hogar, los policías que andan patrullando las calles, los mendigos, los privados de libertad o cualquier otra persona que por una razón u otra no anda "de festejo" la noche del 31 de diciembre. Talvez ellos solo se duermen (o simplemente no duermen) y al otro día todo sigue igual y no hubo ni gota de diferencia la noche anterior.
No niego lo alaja que me parece la fecha en cuestión, pero sí me siento extraña al ver el contraste entre promesas, deseos de éxito, días mejores y vidas que siguen igual que antes y siempre con el año nuevo.
No creo que el fin de año deba tomarse como excusa para ver si, después del abrazo, acto seguido sale alguna "chauchita" medio buena que vire la tortilla de la existencia. Bien están los deseos de felicidad y los buenos augurios en todo sentido, pero siempre y cuando estemos concientes de que cada paso dado y cada acto realizado va en pos de construir lo que somos. Que no se vea como consuelo que "otro añito vendrá, así que poco importa..." mejor actuar hoy (y todos los días) porque el tiempo, como siempre, nos lleva ventaja.
El 31 de diciembre es una fecha medio rara/especial, y si alguna vez me sentí "con una pata más allá que acá" es en esta fecha. Uno está tranquilo (en casa propia o ajena) come, farrea, se duerme y se despierta en otro año. Así nomás; y si te gusta bien y si no...también.
Después de que, en el camino, unas 40 o más viudas bloquearan la carretera con palos,piedras, ramas, cuerdas (o todo) para pedir una caridad para el viejito, y de escuchar todas las ocurrencias de las alegres esposas del difunto con nombre de año...cito: "Vos si tienes walmi","El próximo año te queman a vos", "Acuérdate de tu taita ve"... y de ver algunos guaguas carcosos, con los cachetes enrojecidos por el frío del páramo entretenerse cada vez que un auto pasa gritando "regaaaale" mientras agitan las manitos juntas con las palmas mirando al suelo; me detuve a pensar en cómo será el 31 para alguien más.
El 31 de diciembre se ve un montón de cosas que ni de broma veríamos en otra fecha o época del año. Algunos se forran de amarillo por dentro (o de cualquier otro color; todo va acorde a lo que se "anhela" conseguir en el año de estreno), salen a las calles las viuditas alegres (muy sexys ellas) dejan los carros bien bailados y se ganan un par de centavos, se elabora monigotes de todos los tipos recordando a los personajes o sucesos que marcaron el agonizante año, todos se abarazan a las 12 de la media noche; pero, antes de eso, luchan contra el reloj comiéndose 12 uvas, sacan físico de donde no hay para dar la vuelta a la manzana con maleta en mano o apachurran algún billetito con la planta del pie.
El 1ero de enero lo sitios están desiertos, con suerte encuentras algo abierto y con más suerte aun se levantan las víctimas del chuchaqui por la farra de la noche anterior.
No voy a negar que me entretienen las cábalas clásicas de fin de año; pero, dentro de todo esto me pregunto qué sentirán los doctores que están de turno en los hospitales, los viejitos que están en algún hogar, los policías que andan patrullando las calles, los mendigos, los privados de libertad o cualquier otra persona que por una razón u otra no anda "de festejo" la noche del 31 de diciembre. Talvez ellos solo se duermen (o simplemente no duermen) y al otro día todo sigue igual y no hubo ni gota de diferencia la noche anterior.
No niego lo alaja que me parece la fecha en cuestión, pero sí me siento extraña al ver el contraste entre promesas, deseos de éxito, días mejores y vidas que siguen igual que antes y siempre con el año nuevo.
No creo que el fin de año deba tomarse como excusa para ver si, después del abrazo, acto seguido sale alguna "chauchita" medio buena que vire la tortilla de la existencia. Bien están los deseos de felicidad y los buenos augurios en todo sentido, pero siempre y cuando estemos concientes de que cada paso dado y cada acto realizado va en pos de construir lo que somos. Que no se vea como consuelo que "otro añito vendrá, así que poco importa..." mejor actuar hoy (y todos los días) porque el tiempo, como siempre, nos lleva ventaja.
¿Hacer para ser?
Sucede que en los últimos días me he sentido un tanto admirada y conmovida al ver algún anciano por la calle. Me impresiona ver la fuerza con la que muchos de ellos todavía caminan eternas cuadras (sin importar si hace sol o hace frío), o cómo se aferran a las barras de los buses y se sostienen de ellas para no perder el equilibrio cuando el vehículo acelera. A veces me quedo perdida en esos rostros y manos arrugadas y me encanta pensar “qué” hay detrás. De hecho estoy segura de que todos (o por lo menos la gran mayoría de ellos) tiene alguna historia que contar, una historia que vale la pena. No niego que disfruto de los años jóvenes, pero preocupa ver a la sociedad estancada en una suerte de relativismo profundo lleno de actividades que no tienen significado, que importan solamente en el momento, que están bien o mal, pero al fin y al cabo eso da igual (aclaro, no siempre;pero es algo que se da en repetidas veces).
No entiendo aun cómo la mente de algunas personas se limita solamente a la exaltación de lo externo. Quiero decir que puede haber gente preciosa por fuera, pero por dentro está podrida, gente “llena de vacío”. Habrá entonces que hacer un balance entre lo que se ve y lo que no . Con lo que “se ve” no me refiero al 90-60-90 en las mujeres y a medidas ideales en los hombres (en caso de existir). Me refiero a verdaderamente “brillar” por fuera; pero por rasgos que valgan de verdad la pena. Por una mirada sincera, por actos honestos, por reacciones correctas, por tener coherencia entre el pensamiento y la acción.
En una sociedad llena de medidas y estereotipos; en una sociedad bombardeada de imágenes de lo supuestamente “perfecto”, las personas están totalmente cegadas y olvidan que más allá de sus narices hay un mundo que se está cayendo a pedazos.
No pretendo que todo esto suene a un discurso enfadado en exceso (y, encima, trillado) con la gente y el mundo, al contrario. No estoy, tampoco, en contra de todo. Pero sí estoy en contra de que las personas olviden su esencia, olviden lo que realmente les hace “ser”. La vida no está tan larga como para gastársela en cualquier cosa; al final habrá que hacer que las arrugas valgan la pena. Tal vez ni siquiera es el final, sino a penas el principio. Algún tipo de “inicio al revés”. Sería mejor ver el tiempo que pasó y saber que de verdad fuiste alguien, que hiciste algo de ti; que no te hicieron; que no fuiste el conejillo de indias de las ideas del posmodernismo o de cualquier época; porque tal vez sea ya demasiado tarde para revertir el efecto.
Desenredo
Hoy no quedó más que la madrugada y la luna.
Tengo el anhelo incesante de tenerte cerca mío
y,aunque no pueda,
con pensarte siento que por un momento estás conmigo.
No encuentro razones, buscarlas es tiempo perdido.
Solo se que hoy existimos, que hoy somos
y que mañana recorreremos un poco más de nuestro camino.
Paso el tiempo y los días desenredando mis sueños,
analizando los días, pensando lo que no pienso.
Se me quedaron las palabras colgadas en alguna estrella;
mis labios no dicen nada, el alma solo te sueña.
Piensa también en mi, espera...
Que los sueños con los que hoy dormimos, con el tiempo, se despiertan.
Tengo el anhelo incesante de tenerte cerca mío
y,aunque no pueda,
con pensarte siento que por un momento estás conmigo.
No encuentro razones, buscarlas es tiempo perdido.
Solo se que hoy existimos, que hoy somos
y que mañana recorreremos un poco más de nuestro camino.
Paso el tiempo y los días desenredando mis sueños,
analizando los días, pensando lo que no pienso.
Se me quedaron las palabras colgadas en alguna estrella;
mis labios no dicen nada, el alma solo te sueña.
Piensa también en mi, espera...
Que los sueños con los que hoy dormimos, con el tiempo, se despiertan.
Confesiones
Confieso que te miro
confieso que te pienso,
que pienso que te espero
y siento que te quiero.
Escucho que la lluvia
golpea mi ventana
y viene a romper el silencio
algo como tu mirada.
Confieso que no pierdo
ni un momento para pensarte
y que no callo tu nombre
que al corazón, no le gana el silencio.
Confieso que voy perdiendo
parte de lo que soy
que me ganó el sentimiento
que me bloqueó la razón.
Me sobran,hoy, las razones
para soñarme contigo.
Confieso que tengo todo,
si te tengo cerca mío.
confieso que te pienso,
que pienso que te espero
y siento que te quiero.
Escucho que la lluvia
golpea mi ventana
y viene a romper el silencio
algo como tu mirada.
Confieso que no pierdo
ni un momento para pensarte
y que no callo tu nombre
que al corazón, no le gana el silencio.
Confieso que voy perdiendo
parte de lo que soy
que me ganó el sentimiento
que me bloqueó la razón.
Me sobran,hoy, las razones
para soñarme contigo.
Confieso que tengo todo,
si te tengo cerca mío.
Estrellas...en el piso
Hace tiempo que no escribía algo nuevo para mi blog. No encuentro todavía la razón precisa. Talvez la falta de inspiración en los últimos días no ha sido de mucha ayuda para darle "un toquecito más" a este espacio web; pero no voy a justificarme tanto, porque aquí estoy, y luego de caminar por las calles de Montevideo, creo que encontré una razón para escribir (digo, siempre hay razones...pero el tiempo, las ocupaciones, en fin...decía que ya estoy aquí).
Luego de casi una semana de aguaceros sin parar en Montevideo, finalmente hoy en la tarde salió el sol; así que después de tomar el clásico té con galletitas de la tarde, salir a caminar un rato por "La Rambla" (una avenida bien alaja de acá) no fue tan mala idea. El cielo tenía una tonalidad amarilla -medio oscura- que contrastaba con un celeste brillante en la parte superior.Me acordaba de una frase que mi abuelito solía decir: "Arreboles amarillos...ni pastos,ni quesillos.Arreboles colorados...aguaceros continuados", entonces, ojalá el buen clima le vaya pudiendo a las fuertes lluvias.
Las luces de los postes se veían más brillantes de lo normal y el "pum-pum-pum" de la música de Parque Rodó (en el que hay Rueda Moscovita, juegos para niños, el "Samba" -versión montevideana de nuestro "Tagadá"- , etc) me sonaba un poco lejano, estaba encantada con la brisa casi fría que me tocaba el rostro y concentrada en la piedrita que iba pateando hasta llegar a "La Rambla".
No es tan largo el camino que hay que recorrer para el lugar que cuento -talvez unos 10 o 15 minutos máximo a pie- pero el corto lapso de tiempo bastó para que, al llegar, ya el cielo se haya tornado oscuro. Al salir de la casa me "robé" una estrella del cielo (la única que había hasta entonces, recordando el típico jueguito de la niñez de cogerse una estrella y pedir algún deseo...Lo curioso es que suele ocurrirme que, cuando hago eso, no me acuerdo ya del deseo al poco rato, y no logro imaginar cómo sería mi vida si todos los deseos que pedí cuando era enana se hubieran cumplido. Talvez hubiera tenido una bicicleta súper chévere o mis pas me hubieran regalado el juego de mesa "La Herencia de la Tía Agatha" en vez de "Life" en alguna navidad...)
Pero no me desvío de la idea principal...al llegar a la Rambla nos sentamos (con Estefi, mi amiga) en una de las banquitas que hay allí; el viento soplaba más fuerte y empezaron a aparecer más estrellas en el cielo. El paisaje me hipnotizaba...a lo lejos se veía un par de luces de barcos que navegan lejanos por el Río de la Plata (que a mí me parece mar, porque tiene olas -pequeñas, pero olas al fin- y arena y bueno, lo que se ve en una playa).
No estuve mucho tiempo sentada allí, estimo que fue exagerando una media hora, pero bastó para rematar la jornada del sábado, me llenó de una especie de tranquilidad, y al pensar en una que otra cosita, me trajo "una felicidad de esas buenas" (para quién entienda esa expresión).
Al volver, comentaba que me gusta mucho ver cómo hay en el pavimento algunas piedritas (o lo que sea) qe adquieren como un "brillito" con las luces del alumbrado público, no se si lo entiendan, pero es una especie de brillo totalmente esporádico que me divierte mientras camino...y, de cierto modo, me recuerda a las caminatas por las calles de Quito y ese sonido de las llantas de los autos que pasan presionando el pavimento y hacen "qqssshhh".
Ahora tengo en la mente la idea de que no es tan complicado estar lejos de "la tierra de uno" si los recuerdos siempre están. Al fin y al cabo; el acto de recordar siempre hace que, de cierto modo, volvamos a vivir. Fue como ver el brillito de las calles que, aunque esporádico, se me hacía medio parecido al brillo de las estrellas (que están bien lejos) pero van siempre con uno, cuando camina (por las calles, ya sea de la ciudad o...de la existencia).
Luego de casi una semana de aguaceros sin parar en Montevideo, finalmente hoy en la tarde salió el sol; así que después de tomar el clásico té con galletitas de la tarde, salir a caminar un rato por "La Rambla" (una avenida bien alaja de acá) no fue tan mala idea. El cielo tenía una tonalidad amarilla -medio oscura- que contrastaba con un celeste brillante en la parte superior.Me acordaba de una frase que mi abuelito solía decir: "Arreboles amarillos...ni pastos,ni quesillos.Arreboles colorados...aguaceros continuados", entonces, ojalá el buen clima le vaya pudiendo a las fuertes lluvias.

Las luces de los postes se veían más brillantes de lo normal y el "pum-pum-pum" de la música de Parque Rodó (en el que hay Rueda Moscovita, juegos para niños, el "Samba" -versión montevideana de nuestro "Tagadá"- , etc) me sonaba un poco lejano, estaba encantada con la brisa casi fría que me tocaba el rostro y concentrada en la piedrita que iba pateando hasta llegar a "La Rambla".
No es tan largo el camino que hay que recorrer para el lugar que cuento -talvez unos 10 o 15 minutos máximo a pie- pero el corto lapso de tiempo bastó para que, al llegar, ya el cielo se haya tornado oscuro. Al salir de la casa me "robé" una estrella del cielo (la única que había hasta entonces, recordando el típico jueguito de la niñez de cogerse una estrella y pedir algún deseo...Lo curioso es que suele ocurrirme que, cuando hago eso, no me acuerdo ya del deseo al poco rato, y no logro imaginar cómo sería mi vida si todos los deseos que pedí cuando era enana se hubieran cumplido. Talvez hubiera tenido una bicicleta súper chévere o mis pas me hubieran regalado el juego de mesa "La Herencia de la Tía Agatha" en vez de "Life" en alguna navidad...)
Pero no me desvío de la idea principal...al llegar a la Rambla nos sentamos (con Estefi, mi amiga) en una de las banquitas que hay allí; el viento soplaba más fuerte y empezaron a aparecer más estrellas en el cielo. El paisaje me hipnotizaba...a lo lejos se veía un par de luces de barcos que navegan lejanos por el Río de la Plata (que a mí me parece mar, porque tiene olas -pequeñas, pero olas al fin- y arena y bueno, lo que se ve en una playa).
No estuve mucho tiempo sentada allí, estimo que fue exagerando una media hora, pero bastó para rematar la jornada del sábado, me llenó de una especie de tranquilidad, y al pensar en una que otra cosita, me trajo "una felicidad de esas buenas" (para quién entienda esa expresión).
Al volver, comentaba que me gusta mucho ver cómo hay en el pavimento algunas piedritas (o lo que sea) qe adquieren como un "brillito" con las luces del alumbrado público, no se si lo entiendan, pero es una especie de brillo totalmente esporádico que me divierte mientras camino...y, de cierto modo, me recuerda a las caminatas por las calles de Quito y ese sonido de las llantas de los autos que pasan presionando el pavimento y hacen "qqssshhh".
Ahora tengo en la mente la idea de que no es tan complicado estar lejos de "la tierra de uno" si los recuerdos siempre están. Al fin y al cabo; el acto de recordar siempre hace que, de cierto modo, volvamos a vivir. Fue como ver el brillito de las calles que, aunque esporádico, se me hacía medio parecido al brillo de las estrellas (que están bien lejos) pero van siempre con uno, cuando camina (por las calles, ya sea de la ciudad o...de la existencia).
El que mucho se despide...
Hoy no me perdí ni medio detalle, nisiquiera me dormí en el viaje con el afán de ver la carretera. Era como si quisiera memorizar cada milímetro del camino, para guardarlo en la memoria y desenterrarlo de vez en cuando para sentirme más acá que allá (cuando toque, claro).
Aunque me perdí de las empanaditas de viento de ambato, los helados de salcedo o algún manjar del camino (porque veníamos de apuro), no sentía tanto antojo como otras veces; estaba con la mente en otro lado,y un buen porcentaje del tiempo estuvo bien concentrada en qué iba a escribir...
Sucede que hoy dejé un poquito más lejos de lo normal a mi Guaranda (capital de la provincia de Bolívar, para los que no sepan); una ciudad chiquita pero, aunque suene trillado, para mí es grande; y confieso que es enorme mi deleite en cada visita.
Aunque soy guayaquileña residente en Quito -desde hace "fuu" , como dirían por ahí- , de padre lojano y madre guarandeña (y en ese último punto encontrarán la razón de mis continuas visitas a la Ciudad de las Siete Colinas), debo confesar que tengo alguna extraña debilidad, afición o algo que hace que me vea envuelta con una fascinación casi extrema por este lugar. Me encanta, sí. Y me lleno de emoción cuando tengo la oportunidad de ir.
He dejado algunas cosas allá. Y esque los ojos de esa ciudad han visto bastante. Luego de 20 años de ir bien seguido, no solo me gané excelentes amigos, sino también una que otra vivencia de esas que no se olvidan... de esas que capaz vive todo el mundo, pero a mi me marcaron con fuerza; porque no estaba donde vivo, sino en otro lado.
Guaranda me vio posar (por primera vez) un cigarrillo en mis labios, y atorarme con el humo y aprender a hacer el famoso golpe con los sabios trucos de mis amigas...pero eso sí, escondidas detrás de alguna pared en un sitio alejado del centro, en la terraza de alguna casa, o -cuando ya eramos "grandes"- en alguna esquina del Parque Central, pero rodeadas de gente porsiacaso pasaba algún conocido...
En Guaranda pisé, por primera vez en mi vida, una discoteca; y me aguanté la vergüenza de que me entraran a buscar a la hora de la cenicienta porque hace unos años aun no había señal de Movistar (que en ese entonces era Bellsouth), y yo tenía 15 años y...y bueno...
De Guaranda fue el primer amor platónico que tuve (emoción sin sentido que me duró unos 4 años) y ahí mismo -cuando ya ni me gustaba- me sentí bien porque ahora era él quién quería estar conmigo; noticia que me cayó de sorpresa la misma noche que me escapé por primera vez sin permiso de mis papás a farrear en una discoteca de allá.
En Guaranda pude pasarme horas y horas de cajera en un almacén que tuvo mi tío; ahí mismo me aprendí los nombres de todas las telas que había y, a mitad de las vacaciones, atendía con solvencia a los padres de familia que compraban las telas para los uniformes de sus hijos; ya sabía qué color y tipo de tela era la que debían adquirir de acuerdo al colegio, sabía cuánto debían llevarse de tela para un pantalón, una falda (con tablones, sin tablones)...todo.
En Guaranda aprendí a manejar, a los 12 años, con lecciones "intensivas" del abuelito dando vueltas y vueltas al estadio; luego ya iba a las calles a sabiendas de que mi abue iba frenando con el pie desde el puesto del copiloto (maniobra que,obviamente, no da resultado) y yo iba cruzando los dedos para que ningún policía se asome...
En Guaranda probé la comida más rica del mundo (a parte de la de mi casa). No perdía ni medio segundo para ir a las tortillas de maíz de doña Mariana, las Fritadas de doña Valvina, las caucaras de Mama Carmen, los cuyes de Chimbo, o los "Agachaditos" (que hay en todo lado, creo). En Guaranda le di un gustito a mi paladar con los "Helados de cacho" del mercado, o los helados de paila del Parque Infantil...
De Guaranda saqué algunas leyendas que espero contar a mis hijos y nietos,pero... ¡Con todas las de ley! Porque no solo las escuché de boca de mi primo mayor (que hacía que todos los primos menores temblemos de miedo cuando las contaba), sino que estuve en cada "sitio de los hechos". Conocí el hospital de la Cruz Roja (desde el que salía, cada noche, una enfermera loca a buscar alguna inocente víctima); vi el famoso "Árbol de la mano" (en el que colgaron la mano de algún héroe de la independencia), vi la tumba del "Xoxo" (mecánico que hizo algún negocio chueco con el de abajo y días después murió sin pena ni gloria); y, aunque no quepa tanto en la categoría de leyenda, he visto a Simón Bolívar quedarse con y sin espada cada de vez en cuando (y,pese a eso, sigue bien erguido y con la mirada fija en el infinito en los altos de la pileta del Parque Central).
He escuchado callar -por un tiempo y hasta tener arreglo- a la sirena del Parque a las 12, tres, seis y nueve (de la noche o del día); he visto a todos los conocidos y los no tan conocidos saludarse entre ellos, he visto a algunos viejitos salir a conversar en el Parque hasta que la sirena grite las seis de la tarde. Y también me he pasado horas de horas con mis amigos "moldeando" la vereda...¡y esque hasta esquina fija tenemos!
Hay tantas y tantas cosas que podría contar pero no voy a escribir algo tan largo... Guaranda vio a mis pies levantarse por primera vez "Al golpe del carnaval" y seguro verá mucho más; pero aquí dejo resumida la constancia de lo que refleja (hasta hoy) mi mente cuando se acuerda de Guaranda. Para que tiren la lanza por la ventana y me hieran el pecho pero no el alma, porque si el pecho de cristal fuera, podríamos ver los corazones, porque quiero chicha y no trago,porque así se hace, así se hace...
Aunque me perdí de las empanaditas de viento de ambato, los helados de salcedo o algún manjar del camino (porque veníamos de apuro), no sentía tanto antojo como otras veces; estaba con la mente en otro lado,y un buen porcentaje del tiempo estuvo bien concentrada en qué iba a escribir...
Sucede que hoy dejé un poquito más lejos de lo normal a mi Guaranda (capital de la provincia de Bolívar, para los que no sepan); una ciudad chiquita pero, aunque suene trillado, para mí es grande; y confieso que es enorme mi deleite en cada visita.
Aunque soy guayaquileña residente en Quito -desde hace "fuu" , como dirían por ahí- , de padre lojano y madre guarandeña (y en ese último punto encontrarán la razón de mis continuas visitas a la Ciudad de las Siete Colinas), debo confesar que tengo alguna extraña debilidad, afición o algo que hace que me vea envuelta con una fascinación casi extrema por este lugar. Me encanta, sí. Y me lleno de emoción cuando tengo la oportunidad de ir.
He dejado algunas cosas allá. Y esque los ojos de esa ciudad han visto bastante. Luego de 20 años de ir bien seguido, no solo me gané excelentes amigos, sino también una que otra vivencia de esas que no se olvidan... de esas que capaz vive todo el mundo, pero a mi me marcaron con fuerza; porque no estaba donde vivo, sino en otro lado.
Guaranda me vio posar (por primera vez) un cigarrillo en mis labios, y atorarme con el humo y aprender a hacer el famoso golpe con los sabios trucos de mis amigas...pero eso sí, escondidas detrás de alguna pared en un sitio alejado del centro, en la terraza de alguna casa, o -cuando ya eramos "grandes"- en alguna esquina del Parque Central, pero rodeadas de gente porsiacaso pasaba algún conocido...
En Guaranda pisé, por primera vez en mi vida, una discoteca; y me aguanté la vergüenza de que me entraran a buscar a la hora de la cenicienta porque hace unos años aun no había señal de Movistar (que en ese entonces era Bellsouth), y yo tenía 15 años y...y bueno...
De Guaranda fue el primer amor platónico que tuve (emoción sin sentido que me duró unos 4 años) y ahí mismo -cuando ya ni me gustaba- me sentí bien porque ahora era él quién quería estar conmigo; noticia que me cayó de sorpresa la misma noche que me escapé por primera vez sin permiso de mis papás a farrear en una discoteca de allá.
En Guaranda pude pasarme horas y horas de cajera en un almacén que tuvo mi tío; ahí mismo me aprendí los nombres de todas las telas que había y, a mitad de las vacaciones, atendía con solvencia a los padres de familia que compraban las telas para los uniformes de sus hijos; ya sabía qué color y tipo de tela era la que debían adquirir de acuerdo al colegio, sabía cuánto debían llevarse de tela para un pantalón, una falda (con tablones, sin tablones)...todo.
En Guaranda aprendí a manejar, a los 12 años, con lecciones "intensivas" del abuelito dando vueltas y vueltas al estadio; luego ya iba a las calles a sabiendas de que mi abue iba frenando con el pie desde el puesto del copiloto (maniobra que,obviamente, no da resultado) y yo iba cruzando los dedos para que ningún policía se asome...
En Guaranda probé la comida más rica del mundo (a parte de la de mi casa). No perdía ni medio segundo para ir a las tortillas de maíz de doña Mariana, las Fritadas de doña Valvina, las caucaras de Mama Carmen, los cuyes de Chimbo, o los "Agachaditos" (que hay en todo lado, creo). En Guaranda le di un gustito a mi paladar con los "Helados de cacho" del mercado, o los helados de paila del Parque Infantil...
De Guaranda saqué algunas leyendas que espero contar a mis hijos y nietos,pero... ¡Con todas las de ley! Porque no solo las escuché de boca de mi primo mayor (que hacía que todos los primos menores temblemos de miedo cuando las contaba), sino que estuve en cada "sitio de los hechos". Conocí el hospital de la Cruz Roja (desde el que salía, cada noche, una enfermera loca a buscar alguna inocente víctima); vi el famoso "Árbol de la mano" (en el que colgaron la mano de algún héroe de la independencia), vi la tumba del "Xoxo" (mecánico que hizo algún negocio chueco con el de abajo y días después murió sin pena ni gloria); y, aunque no quepa tanto en la categoría de leyenda, he visto a Simón Bolívar quedarse con y sin espada cada de vez en cuando (y,pese a eso, sigue bien erguido y con la mirada fija en el infinito en los altos de la pileta del Parque Central).
He escuchado callar -por un tiempo y hasta tener arreglo- a la sirena del Parque a las 12, tres, seis y nueve (de la noche o del día); he visto a todos los conocidos y los no tan conocidos saludarse entre ellos, he visto a algunos viejitos salir a conversar en el Parque hasta que la sirena grite las seis de la tarde. Y también me he pasado horas de horas con mis amigos "moldeando" la vereda...¡y esque hasta esquina fija tenemos!
Hay tantas y tantas cosas que podría contar pero no voy a escribir algo tan largo... Guaranda vio a mis pies levantarse por primera vez "Al golpe del carnaval" y seguro verá mucho más; pero aquí dejo resumida la constancia de lo que refleja (hasta hoy) mi mente cuando se acuerda de Guaranda. Para que tiren la lanza por la ventana y me hieran el pecho pero no el alma, porque si el pecho de cristal fuera, podríamos ver los corazones, porque quiero chicha y no trago,porque así se hace, así se hace...
Luego de todo tienes derecho a sentirte maltratado,
a verte pisoteado por el eco de un silencio
que logra perpetuar su presencia atravesando tu vida, matando todo.
Antes de que la mente te gane el juego
deja resbalar todo el resentimiento.
Hacia la deriva vas en un barco abandonado
en el mar de tus lágrimas con tu esperanza como faro.
Aunque se apaguen tus sueños y te abandonen tus pasos
golpea con fuerza al miedo;
avanza aunque a veces te haga daño.
Porque no existe temor más grande
que aquel que jamás conociste.
Ni hay vida más llevadera que la que pasa contigo
en vez de pasar por tu lado.
a verte pisoteado por el eco de un silencio
que logra perpetuar su presencia atravesando tu vida, matando todo.
Antes de que la mente te gane el juego
deja resbalar todo el resentimiento.
Hacia la deriva vas en un barco abandonado
en el mar de tus lágrimas con tu esperanza como faro.
Aunque se apaguen tus sueños y te abandonen tus pasos
golpea con fuerza al miedo;
avanza aunque a veces te haga daño.
Porque no existe temor más grande
que aquel que jamás conociste.
Ni hay vida más llevadera que la que pasa contigo
en vez de pasar por tu lado.
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